Tortuguero – Costa Rica

Despedirme de Tamarindo significaba también despedirme de Marco. Después de un mes y medio viajando con Marc y Marco, tengo que reconocer que se me hizo duro. La despedida fue rápida porque yo iba a perder el bus. Aún así no pude evitar que se me cayera la lagrimita. Suerte que en el bus a San Jose encontré dos chicas catalanas con las que fuimos hablando y así me pude distraer. Yo quería ir a Tortuguero, aunque sabía que no llegaría ese mismo día. Tenía la opción de quedarme en San Jose esa noche o adelantar un poco y quedarme en Cariari, un pueblo 0 turístico y con apenas 2 moteles. Escogí la segunda opción. Llegué de noche (mal!), y cogí un taxi que me llevó a uno de los dos moteles. Conseguí una habitación y algo de comer y a dormir. La verdad es que no era el mejor día para quedarme sola en una habitación de motel en un pueblo sin nada que hacer y sin poder salir porque de noche no había nada que ver o hacer (y según la gente del pueblo con quien hablé era medio peligroso). La soledad caló bastante profundo aquella noche, pero ya no había vuelta atrás así que me fui a dormir esperando que en los siguientes días mis energías estuvieran otra vez altas. Al día siguiente bien prontito, bus y barco hasta Tortuguero. Es un pueblo al que sólo se puede acceder en bote, no hay coches, y la vida es tranquila.

Después de buscar hostel, me fui a la playa y a conocer un poco el “pueblo”.

Por la tarde, conocí un chico que me dijo que tenía un hostel y que era guía local. Me dijo que él me hacía un tour nocturno por el parque Nacional a ver bichos a cambio de que yo le guiara en una clase de yoga. Acepté, así que después de mi clase de yoga nos fuimos a la selva. Fue genial porque de noche es cuando se ven más animales, pero si hubiera ido yo sola hubiera visto menos de la mitad. Con él vimos mil tipos de saltamontes, arañas (una de ellas enorme, la vimos justo cuando un bicho caía en su telaraña y ella lo atrapaba en menos de 1 segundo y se lo comía), sapos, y conseguimos ver a la rana de ojos rojos. Fue un momento super especial porque esa rana se esconde en las ramas altas de los àrboles y es super difícil de ver! Después de eso nos fuimos con más gente del pueblo al bar que hay a tomar unas cervecitas 🙂

Al día siguiente bien temprano, fui a hacer un tour guíado en canoa por el río. Otra vez espectacular, vimos de todo: perezosos, caimanes, nutrias, miles de salamandras y iguanas, tucanes, y muchas más especies de pájaros y animales en general. En el tour conocí a Manon y Lea, dos francesas con las que luego me fui a la playa, a dar una vuelta por el parque Nacional, etc….

Esa tarde aprendí que a veces es mejor llevar zapatos. Yo iba descalza y de repente saltó como a dos metros una tarantulita marrón…

aquella noche fue interesante, fuimos a cenar con Lea y Manon, y después a la playa a ver si veíamos tortugas poniendo huevos. Llegamos a la playa a oscuras (no se puede llevar linterna, sólo una luz roja para no espantar a las tortugas, y nosotras no teníamos luz roja) y nos encontramos al chico del hostel. Él nos acompañó por la playa hasta un punto en el que nos dijo que mejor regresar, porque podía atacarnos algún puma xD en fin, cosas de la cotidianidad de Tortuguero…  al final no vimos tortugas pero pasamos muy buen ratito en la playa birrita en mano… 🙂

 

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