San Rafael – Argentina

A San Rafael no tenía pensado ir, hasta que tanto Gastón como Melisa me recomendaron que fuera. Así que les hice caso. Llegué desde Bariloche en bus a eso de las 4 de la mañana, y como aun era de noche y no tenía hostel ni nada, me tuve que quedar esperando en el terminal hasta las 7.30 de la mañana que ya fueses de día y empezara a abrir todo. No fue fácil aguantar despierta a esas horas y después de haber maldormido en el bus.
Al final, me puse rumbo al pueblo en busca de hostel. Encontré uno que me dió muy buena impresión y parecía bastante animado, y allí me quedé. El dueño y su mujer, Alberto y Vero, super buena onda los dos, me estuvieron explicando qué hacer por allí. Lo más conocido de la zona es el Cañón del Atuel. La excursión guiada cuesta unos 650 pesos, en cambio si lo hacía por mi cuenta en colectivo me salía por 150. El problema era que el colectivo sólo salía los fines de semana, y estábamos a jueves. Decidí que podía esperar y hacer otras cosas esos dos días.

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Después de dejar las maletas, decidí hacer una visita a Valle Grande. Es donde comienza el Cañón del Atuel (este último es un cañon de unos 40km de largo).
Al llegar con el colectivo, bajé a la orilla del lago y busqué un sitio donde estirarme para darme un baño. El calor era insoportable, seco, y el sol de esos que abrasa. Al cabo de un rato, decidi caminar un poco hasta un mirador que había más arriba, y las vistas eran espectaculares.

Ya eran casi las 3 de la tarde, así que me dispuse a bajar hasta la parada del bus, y allí me pararon unos chicos que iban de bajada, por si quería que me llevaran. Obvio, les dije que sí! Me acercaron hasta uno de los sitios donde se hace rafting y alli estuve tomando una birra y charlando con ellos. Para ese entonces ya tenía dolor de cabeza (supongo que provocado por la falta de sueño, el calor y el sol). Cuando fui esperar el bus, tardó casi una hora, y mi cabeza iba de mal en peor. Al final, llegó (aleluya!) y para cuando llegué al hostel, el dolor de cabeza se había convertido en migraña. Me tomé un paracetamol y me estire en la cama a dormir. Me desperté a las dos horas queriendome morir del dolor. Además, yo creo que de la insolación tenía hasta fiebre e incluso temblaba. Me duche como pude, y volví a la cama. Para entonces, la gente del hostel ya se habían dado cuenta de que me encontraba mal y me cuidaron mucho. Incluso Leandro, otro huésped del hostel me trajo una pastilla para la migraña. Me desperté muchisimo mejor al cabo de dos horas, y tuve una grata sorpresa al oír que estaban preparando una cena “comunitaria”. En seguida me incluyeron, así que esperamos a que Leandro, que es cocinero, acabara de prepararlo y a medianoche nos acabamos sentando todos a degustar sus tacos y sus pizzas. Para rematarlo, acabamos todos en la terraza del hostel cantando y tocando la guitarra. Así que el día se arregló completamente 🙂

San Rafael es zona de producción vitivinícola, así que decidí alquilar una bicicleta para recorrer las bodegas y aceiteras de la zona (y hacer las correspondientes degustaciones, por supuesto). Iba a hacerlo con Denise, pero cuando ya estábamos subidas a las bicicletas, ella que no está muy familiarizada con andar en bici, le dió miedo y se echó atrás. Así que me fui sola a hacer el recorrido, muy bonito el paisaje y muy buenos los vinos. Por la tarde, çasé por el hostel a comer algo, y después nos fuimos una pareja y yo al laberinto de Borges. Es un laberinto pensado por una amiga de Borges en su honor, en el que pone su nombre, y alguna cosa más. El calor era más soportable porque hacía un poco de viento. Y por la noche, de vuelta en el hostel, decidí comprarme matambre para cenar, una especie de rollo de carne con embutido/verdura dentro.


El sábado era el día del Cañón. Algunos me habían dicho que había una prueba de Pentathlon por el cañon ese día, que mejor me asegurara que los autobuses iban a salir. Así que la noche anterior llamé al terminal y me confirmaron que si, que el autobús al Cañón salía. Total, me desperté a las 6.45, desayuné, preparé las mochilas y me fui al terminal. Imagináos mi cara cuando el tio del terminal me dice: hoy no salen los colectivos al Cañón porque hay una competición. WHAAAAAAT??? No sabía si reír o llorar, o las dos cosas a la vez. Me había esperado hasta el sábado para hacerlo, había llamado la noche anterior para confirmar, y ahora resulta que no salía???? De la rabía que me cogió, decidí volver al hostel, pillar las maletas e irme a Mendoza (era lo que tenía pensado hacer pero por la noche, a la vuelta del Cañón). Y así es como me fui con sabor de boca medio amargo de San Rafael….

Un comentario en “San Rafael – Argentina

  1. Quina pasada d’aventura! Enveja máxima. Aquestes son les coses que queden per tota la vida.
    Las fotos son brutals. Tan dels llocs com del manjar.
    Tot i aixó, potser estas pasant mes gana que el perro de un ciego jajaja.
    Enjoy my friend i Carpediem. T’envío molta força desde Barcelona.
    Petonets Natillas!

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