San Pedro de Atacama – Chile

La primera gran sorpresa (en realidad ya sabía que nos íbamos a reencontrar) de San Pedro de Atacama: Stuart! Para él era su última noche allí antes de irse a Bolivia, así que me fui directa a su hostal y de allí nos fuimos a cenar y ponernos al día despues de dos meses sin vernos!

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La segunda gran sorpresa: Cristian! Más bien diría descubrimiento. Me pilló por banda la primera noche por el hostel, se presentó y me empezó a interrogar sobre mis planes para esos días. Yo no tenía nada pensado, sólo sabía aue no quería pagar los tours turísticos de las agencias, porque son carísimos y como yo ya he estado en el Salar de Uyuni, en realidad ofrecían más de lo mismo. Él me dijo que estaban pensando en alquilar unas bicis al día siguiente con algunos más del hostel, así que rápidamente me apunté. Así, a la mañana siguiente, cogimos nuestras bicis él mismo, dos chilenos y una australiana y pusimos rumbo al Valle de Marte. Antes, eso si, hicimos una parada en la franchuteria, una panadería de pan franceses donde tenían unos croissants rellenos… uf….

Total, el Valle de Marte, que algunos llaman de la Muerte es espectacular. Realmente parece que estes en Marte. Hacía mucho calor y el clima es sequísiml, así que despues de pasar allí toda la mañana volvimos a comer al hostel. Me hace gracia que como hay tantos perros sueltos en la calle, muchos nos iban acompañando en tramos de carretera.

Despues de cocinar y comer todos juntos (en realidad cocinó Cristian porque le gusta y se dedica a eso, así que yo encantada 😁), volvimos a coger las bicis y pusimos rumbo al Valle de la Luna, a ver el atardecer. Nos costó bastante çlegar porque teníamos el viento en contra y además el camino tenía bastante pendiente. Al final, como también paramos por el camino a ver cosas, llegamos tarde a ver el sol ponerse, pero pudimos contemplar el atardecer con todos los colores y el paisaje espectacular, con varios volcanes nevados al fondo. Realmente valió la pena el esfuerzo. La vuelta sólo ayudó a mejorar el día. Completamente de noche, con el cielo todo estrellado, sin una sola nube, y nosotros sin frontales ni nada guiandonos en la oscuridad, conversando y cantando todos juntos. Realmente valieron la pena los 50 o 60km que hicimos aquel día. Volvimos al hostel muy cansados pero super contentos!

Al día siguiente, todos cansados del trote del día anterior, quisimos hacer algo “suave”. Cogimos bicis otra vez y nos fuimos a Quitor (no sin antes pasar a comer un croissant, claro). Quitor es una fortaleza pre-inca que queda cerca de San Pedro. Luego, compramos un poco de pan y embutido, y pusimos rumbo a los Ojos del Salar, unas piscinas naturales que según Cristian estaban cerca, a unos 15km, es decir, unos 45min de bici. 2 horas después, aun no habíamos llegado y yo estaba a punto de matar a Cristian. Eran las 17 de la tarde, llevábamls desde las 15 pedaleando sin parar con un calor seco de mil demonios. Al final, como a las 17.20 llegamos. Yo me tiré al agua, que estaba muy fresquita. La verdad es que la sensación de estar bañándote mientras ves volcanes nevados a lo lejos es bastante agradable. Aún así, yo no quería ni pensar en la vuelta en bici, así que hablé con unos hombres que había allí con un pick-up (un todoterreno con la parte de detrás abierta) para pedírles si podían llevanos de vuelta a mi, a Tee (la australiana) y nuestras bicis. Ahí mi odio interior empezó a descender a niveles más aceptables. Cristian y Charlie querían volver en bici, así que después de comer el bocata, ella y yo nos subimos al coche y volvimos apretujadas en el asiento de delante, pero sin tener que pedalear. Aquella noche cenamos juntos pero nos fuimos a dormir pronto, estábamos todos muy cansados.

El último día lo dedicamos a recorrer el pueblo, comprar pasajes de bus, cocinar, comer, y por supuesto beber. La noche de despedida fue muy dicertida, aunque en San Pedro está prohibido hacer ruido a partir de las 01.00, así que tampoco se alargó mucho…

Al día siguiente por la mañana, me despedí de todos y me fui al terminal de buses con Cristian. Tomé el bus de 23h hasta Santiago, con la mala suerte de que tenían el sistema de entretenimiento estropeado, así que ni wifi, ni película, ni nada de
nada…

PD: volví a tener problemas de atención con mi tarjeta de crédito (última vez, prometido). Esta vez la olvidé en la oficina de la compañía de autobuses de la estación de San Pedro. Tengo que decir a mi favor que el tio que me vendió el billete tampoco se acordó de devolvérmela. A todo esto, yo me di cuenta al dia siguiente, media hora después de haber salido en bus de San Pedro. Primero le envié un sms a Cristian para ver si él podía cogerla. Como no me respondía, le pedí el móvil a la chica que iba sentada a mi lado para enviarle un whatsap a Cristian. Él me contestó al cabo de 2 horas diciendo que cuando llegó al terminal de buses no había nadie en la oficina y él tenía que subir a su bus. Así que le había encomendado la tarea a Rodrigo. Por suerte para mi, Rodrigo la pudo recuperar y me la dió al día siguiente en Santiago… GRACIAS OTRA VEZ UNIVERSO! 😊

Un comentario en “San Pedro de Atacama – Chile

  1. Jajajajaaja!
    La suerte está alineada con tu espíritu, no con tu cabeza!
    Que bien que todo haya fluido positivamente! Ànim!
    Una part de barna està pujada a la bici fent kms amb tú my friend😘

    Me gusta

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