Chiloé – Chile

Si tuviera que darle un título a este capítulo sin duda sería este: SORPRESAS. Llegué a Castro, en la isla de Chiloé despues de casi 24 horas de bus y ferry. Yo sabía que una chica brasileira que conocí en Perú hace tres años había montado un hostel allí en Castro, así que ya iba con la idea de darle una sorpresa. Primero tuve que dar bastantes vueltas por la ciudad con la mochila a cuestas porque los señores de información turística no se dignaron a decirme donde estaban los hostel de la isla. Al final lo encontré, y ella misma me abrió la puerta. Yo dudaba si Camila me reconocería pero no tardó ni 3 segundos en cambiar la cara, ponerse a reír y preguntarme: ¿pero tu qué haces aquí? Fue super guai verla después de tanto tiempo, estuvimos poniéndonos al día y luego fui a instalarme a una de las habitaciones. Estaba allí tumbada en la cama cuando veo que entra por la puerta de la habitación con su mochila otro viejo conocido. Ben, el ingles/español que conocí en Uruguay un mes y medio atrás justo llegaba ese día a ese mismo hostel, y sin habernos comunicado!!!

Camila flipaba, y Ben y yo flipábamos aún más. Una vez superamos el shock inicial, nos pusimos a preparar la cena y a hablar de todo lo que nos había pasado durante este último mes y medio de viaje por separado.

Al día siguiente, era día del censo en todo Chile. Por lo visto una vez cada tantos años hacen un censo y ese día todo el mundo tiene que estar en su casa excepto por motivos justificados, es como un día feriado y todo esta cerrado. Ben y yo queríamos ir al muelle de las almas. Llegamos tarde a coger el único bus del día que iba hasta allí, así que decidimos hacer autoestop. Tuvimos suerte y llegamos sin perder mucho tiempo. Cuando llegamos al sitio donde ya no se podía acceder en coche, caminamos por el sendero de las montañas como una hora hasta llegar al sitio. El lugar espectacular! Según cuenta la leyenda mapuche, es un muelle al que van las almas de las personas cuando mueren. Allí pasa a buscarlas un barquero para llevarlas mar adentro para siempre….

Estuvimos allí un buen rato, comimos, y vuelta a Castro bastante rápido, porque también tuvimos suerte haciendo autostop.

Al día siguiente decidimos irnos a ver los pueblitos de al lado, ya que en Chiloé son muy famosas las pequeñas iglesias de madera, pintadas de colores. También aprovechamos para comer curanto, un plato típico de la zona que consiste en diferentes tipos de carne (chorizo, ternera, carne seca) mezclado con moluscos (mejillones, almejas, etc). Fuimos a un sitio que nos recomendó Camila y nos encantó.

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Y ese mismo día, por la tarde, me despedí de ambos y puse rumbo al norte, a Puerto Varas!

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