Cabo Polonio – Uruguay

Cabo Polonio… que 5 días increíbles he pasado allí!! Ya se lo que es que un sitio te atrape!! Llegué pensando en quedarme 2 días y al final me acabé quedando 5, y creo que lo entenderéis cuando os lo explique….
Cabo Polonio es, como bien dice su nombre, un cabo en medio de la costa uruguaya. Es un pueblito de no mas de 500 habitantes, sin electricidad corriente, con calles de arena y hierba. Algunos hostels o casas tienen un generador para alguna luz y una nevera, el resto de luz, en cuanto se va el sol, corre a cargo de la luz de la luna y velas. Llegué al terminal de Polonio que se estaba haciendo de noche, y allí tuve que esperarme para coger unos camiones que te llevan por el medio de las dunas hasta el pueblo. En el camión conocí a Gianluca, un suizo de nombre italiano y con un castellano impecable. Nada más llegar al pueblo, yo me bajé del camión con la intención de encontrar a Axel, Zaira y Daniella, los 3 argentinos que conocí en Punta del diablo, y que habían llegado por la mañana para  encontrar un sitio donde quedarnos todos.  No me habían dicho nada de donde estaban porque no hay internet en el pueblo (solo un hostel tiene) así que a oscuras me puse a preguntar de hostel en hostel. Me acompañaron Gianluca y Sabrina, una francesa que quería enseñarnos el hostel donde ella está para ver si nos quedábamos ahí. Después de media hora buscando, no hubo manera, así que Gianluca y yo nos quedamos en El mismo hostel que Sabrina, el Hostel del Cabo. Ya eran como las 22, así que me preparé algo rápido para cenar y cuando acabé, salí a sentarme en la arena, alrededor de la hoguera que habían hecho unos cuantos y donde estaban charlando y tocando la guitarra.

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Al día siguiente, nos despertamos con solazo, así que el desayuno lo tomé fuera en la terracita. Que lujo! Allí me puse a hablar con varios, pasamos del desayuno al mate, y así se nos fue media mañana.

Luego entre varios decidimos ir a dar una vuelta por el pueblo, y ahí empezaron las sorpresas! En el camino, nos encontramos a Axel, Zaira y Daniella! Me dijeron que no habían podido avisarme de donde estaban el día anterior, y que se día pensaban irse a Valizas (orro pueblo). Les dije que fueran a ver mi hostel, que era increible y que les iba a encantar. Tanto es así que se quedaron! Yo seguí mi paseo con Martijn (holandés), Gianluca y Bernardo (uruguayo), y en la playa vimos toninas!! Son una especie de delfín que hay aquí! Fue espectacular! Estaban jugando con las olas y saltando! Después de eso, seguimos caminando hasta el Faro, y allí vimos leones marinos! Estaban sentados en las rocas tomando el sol. Nos quedamos allí otro rato disfrutando del espectáculo. Después nos volvimos al hostel y cocinamos algo entre todos!

Por la tarde, decidimos ir todos a ver la puesta de sol al Cerro de la Buena Vista. Es un cerro que queda como a 2h del pueblo. Llegamos justo a tiempo. Nos sentamos, pusimos musiquita y allí nos quedamos hasta que se fue el sol. Después volviendo por la playa caminando, se empezaron a ver las noctilucas! Son una especie de plancton que en determinadas condiciones brilla cuando lo tocas o con el movimiento de las olas. Pues las olas eran de color blanco fosforito!!! Además, en el agua de la orilla pisabas fuerte o removias la arena y todo brillaba. FUE MÁGICO!! Encima todo estaba oscuro y se veian genial las estrellas! Imagináos la estampa, las olas blancas brillando en la oscuridad bajo un manto de estrellas. Cuando ya pensábamos que la cosa no podía mejorar, empezó a despuntar la luna por el horizonte, allá lejos en el mar. Una luna naranja, bien redonda. Buf… piel de gallina sólo de pensar en ese momento. Seguimos caminando por la playa, ahora ya con la luna llena alumbrando nuestro camino, y el faro del Cabo a lo lejos.

Para rematar la noche, Daniella había ido a comprar pescado para hacer a la parrilla todos juntos aquella noche. Mientras unos preparábamos el pescado (era corvina y la preparamos rellena de cebollita, pimiento rojo i manteca), otros preparaban las brasas, y mientras tanto un chico brasilero iba tocando canciones brasileñas con su guitarra. Después de una cena increible, Gianluca, el suizo con el que llegué al cabo, nos hizo un espectáculo de mágia (hace espectáculos de magia en su pais). Y ese día yo me fui a dormir muriendo de felicidad!

Al día siguiente nada ni nadie me hubiera convencido para irme de aquel lugar. Así que decidí quedarme un día más. Después del desayuno al sol, todos estábamos super perezosos, así que la sobremesa del desayuno se volvió a alargar. Yo me puse a escribir mi diario, cuando Zaira me pidió que le dejara dibujarme algo. Yo le preste mi diario y mis colores encantada, y me quedé embobada mirando como iba progresando su obra. No se vosotros, pero a mi me relaja taaaanto ver a alguien pintar/dibujar….

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Después, decicimos estirar los músculos haciendo una especie de clase de yoga (guiada por mi, ojo al dato xD). A Martijn se le rompió el bañador en una zona complicada nada más empezar. Después de la correspondiente carcajada y de que volviera en calzoncillos, hicimos yoga, y otros estiramientos también a cargo de Zaira, que es bailarina.

Después cocinamos y comimos todos juntos, y la tarde transcurrió bastante relajada. Aquella noche, decidimos hacer pizzas caseras, y las acompañamos de vino, lo que acabó generando un ambientillo de fiesta muy guay. Cuando ya pensaba que la noche anterior no se podía superar, hicimos una hoguera en la arena, y al rato llegaron unos brasileños del hostel de al lado con cachaça. Con ellos venía una alemana/uruguaya con una guitarra y un uruguayo con un cajón, que empezó a tocar y cantar un montón de canciones diferentes pero todas versionadas a estilo reagge. Buf… otra vez piel de gallina al recordarlo. Sentados en la arena, al calor de la hoguera, con la luna llena y el sonido de las olas combinado con la música y la voz en directo de esta chica… sobre las 4.30 se puso a diluviar, y todos corrimos a nuestros respectivos cuartos!! El mio estaba inundado, tenía como dos palmos de agua! Aun así, la felicidad plena que nos invadia no se vio afectada, sacamos las mochilas del suelo para que no se mojaran y nos pusimos a dormir muy muy contentos.

Por la mañana, nuestra habitación seguía inundada. Marcelo, el chico que cuida del hostel se apresuró a achicar todo el agua en cuanto salimos todos de la habitación. Yo ya tenía claro que tampoco iba a ser ese el día en el que me fuera (aunque ya no me quedaba casi efectivo, y en el pueblo no hay bancos ni cajeros, ni se puede pagar con tarjeta claro). Aquel día fue muy tranquilo, jugando a cartas, cocinando juntos, y por la tarde decidimos hacer todos juntos una excursión al faro y por el pueblo. Yo iba descalza (como el 90% del tiempo en el Cabo). Vimos la puesta de sol, y de camino al hostel pasamos por el super para comprar lentejas, que fue el plato que iban a cocinar entre varios. La verdad es que estaban muy buenas (mama no me mates), nos acabamos el vino que sobró de la noche anterior y salimos todos juntos a mirar las estrellas. Esa fue nuestra despedida personal del Cabo (mia porque ya no tenía más efectivo para pagar el hostel ni la comida) y de algunos otros que estaban en mi misma situación y también habían decidido continuar con sus viajes…

Al día siguiente, bebimos todos mate en la playa, y con mucha pena nos despedimos de Marcelo, y del hostel! Los que no se iban también nos acompañaron a coger el camión que nos llevaría por medio de las dunas de vuelta al terminal, de vuelta a la civilización…

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