Bocas Del Toro v.1 – Panamá

Este capítulo es largo, ya que aunque mi plan era quedarme en Bocas del Toro unos 4 o 5 días, me acabó “atrapando” por más de dos semanas. Así que lo dividiré en dos partes.
Bocas del Toro es un archipiélago de islas en el Mar Caribe panameño, super cerca de la frontera con Costa Rica. Yo no tenía pensado ir pero una vez en Puerto Viejo, es tan fácil llegar y todo el mundo habla tan bien que no me pude resistir. Me fui con Sonia, una alemana que conocí en el hostel en Puerto Viejo. Después de cruzar a pie el mítico puente fronterizo que separa los dos países, llegamos a Isla Colón (la isla principal del archipiélago) justo a tiempo para dejar las cosas en el hostel e ir a descubrir el pueblo antes de que anocheciera.

Nos sorprendió una puesta de sol espectacular. De las mejores que he visto nunca. El cielo ardía, literalmente. Era todo rojo y naranja.

Fuimos a cenar una hamburguesa super buena, compramos vinito blanco y acabamos tomándolo en el hostel con mas gente que había por allí. Después nos fuimos a Iguana, una de las discotecas del pueblo. Me encanta porque en Bocas las discotecas son todas abiertas y te puedes tirar al mar en todas. De hecho, en un momento de la noche me senté con una chica brasileira del hostel a charlar, y pusimos los pies en el agua. 5 minutos después nos pasaba una raya por debajo de los pies como si nada.

Al día siguiente, estava medio lluvioso, pero Carlos, el dueños del hostel, me dijo de ir a surfear con otros amigos suyos, así que para allí que nos fuimos. La verdad es que antes de entrar ya me imaginé que esa playa no era para mi. Olas bastantes fuertes y cerradas, y además todo el fondo estaba cubierto de arrecife super cortante y encima a poca distancia de la superfície. Lo intenté, pero después de varias caídas, de tragar un poco de agua i ver que tampoco me sentía cómoda con el tema del arrecife, salí del agua y pasamos el día en el bar de la playa con las demás chicas del hostel. Fue allí cuando Ernesto, el amigo de Carlos, me ofreció si quería ayudarlo en su cafetería a cambio de hospedaje gratis. Aunque él me pareció un tipo “peculiar”, decidí aceptar y así poder quedarme un tiempo allí sin gastar tanto dinero. Aquella noche, decidimos con las chicas salir a tomar unas cervezas e ir a bailar a Iguana. También vino Quentin, el francés que conocí en Puerto Viejo y que celebraba su última noche en Panamá y en su viaje.

Al día siguiente, sin resaca pero algo cansada, tocó despedirme de Quentin, y aproveché para ir al Coffee Shop de Ernesto a ver qué tal era. Por la tarde, al ir a devolver la tabla de surf que había alquilado el día anterior, el chico de la tienda me preguntó qué tal el surf, y le dije que mal, porque me habían llevado a Tiger Tails el día anterior y no me había sentido cómoda con la ola y el arrecife. Me dijo que porque no aprovechaba las dos horas de luz que quedaban para ir a Black Rock, una ola mucho más amigable. Decidí darle la oportunidad, y después de dejar todo en la tienda (ropa, chanclas, etc) me fui a coger una lancha taxi que me llevó directa a la ola. Así tal cual. Salté de la barca al mar, y en ese preciso instante se produjo el flechazo. Una ola grande, pero súper amigable, que rompe despacio, con el arrecife a unos 3 metros de profundidad… aunque estaba bastante llena de gente, la mayoria super principiantes como yo, pude coger varias olas y fue genial! Para acabar el día, me mudé a casa de Ernesto, que vive a las afueras del pueblo en una casita muy mona.

Al día siguiente empecé a trabajar. Ernesto estuvo toda la mañana enseñándome a usar la máquina del café (yo no tomo nunca café porque no me gusta así que la cafetera era toda una desconocida para mi), y por la tarde, volvimos con Carlos y Ernesto a Tiger Beach a surfear. Había bastante gente que sabe mucho y eso me estresa un poco, porque hay un código entre surferos sobre quién coge la ola, quién tiene más o menos derecho, etc. Así que hasta que no se fueron yendo casi todos no hice mucho. Por la noche tenía cena y fiesta de despedida (lo se, muchas fiestas y muchas despedidas en pocos dias) con Léa y Manon, que habían estado en otras islas de Bocas y esa noche habían vuelto a la isla principal para despedirse. Acabamos conociendo a Florian, James y Augustin y nos fuimos de fiesta todos juntos!

Al día siguiente en el Coffee Shop, fue tan tranquilo que Ernesto me pidió que preparara una tortilla de patatas, y me motivé tanto que acabé preparando un gazpacho también! Por la tarde volví a Black Rock, esta vez con Carlos, Florian y Jessica. Y aunque no cogí muchas olas fue muy divertido y me lo pasé muy bien con ellos.

Al día siguiente, Ernesto me dijo que no iba a abrir el Coffee y que se iba a la playa con una amiga, así que yo decidí irme al pueblo a pasar el rato. Por la tarde habíamos quedado con varios para ir al Filthy Friday, una fiesta que se hace cada viernes y que consiste en ir de fiesta de hostel en hostel. La cosa es que aquí los hostels tienen “piscinas” que dan al mar, así que es super diferente a cualquier otra fiesta normal. Nada más llegar al primer hostel, SORPRESA! Oigo que alguien grita: Natalia!! Y al girarme, resulta que era Merel, una holandesa que conocí en Puerto Viejo y con la que conectamos mucho pese a coincidir sólo un día. La noche fue genial y diferente, y me quedé con ganas de repetir.

Al día siguiente, Ernesto decidió que tampoco iba a abrir el Coffee Shop, así que yo tenía otra vez el día libre. Y era sábado. Con Merel, que entre semana estaba haciendo un voluntariado en otra isla, dijimos de ir antes a Playa Estrella. Es una playa súper tranquila y con aguas cristalinas, y llena de estrellas de mar. Se apuntó también Filipo, un italiano-alemán del hostel. Pasamos el día tumbados en la playa, tomando el sol, durmiendo y bañándonos en esas aguas color turquesa.

Fue bien descansar porque por la noche volvimos a salir todos juntos de fiesta a celebrar el cumpleaños de Jessica! Antes de la fiesta, Ernesto me dijo que estaba pensando irse con una amiga fuera de Bocas unos días, y que tampoco me había visto motivada con la cafetería (xD!!!!!), así que mejor que terminaramos nuestro “pacto de colaboración”. Esto me creó bastante mal rollo y decepción, porque yo contaba con él y con quedarme en su casa los días siguientes y de pronto volvía a estar “en bolas”. Por suerte, Carlos se portó súper bien conmigo y me acogió en su casa/hostel.

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Y al día siguiente, Carlos propuso salir a surfear a Paunch. Nos fuimos con Merel y Jessica, y en el camino, conocimos a Ryan, un americano muy dicharachero que se apuntó a venir a la playa. Después de sufrir un poco para entrar al agua porque era todo arrecife cortante (y esta vez se añadían a la fiesta erizos de mar por todas partes), conseguimos Ryan y yo llegar donde estaban Carlos y cia. Aunque según Carlos ya sólo el hecho de estar en el agua con la tabla siempre te enseña algo, aquel día no aprendí mucho tampoco. Había mucha gente muy buena surfeando y encima las olas eran bastante pesadas. Así que decidí irme a Black Rock, y Ryan me acompañó. Allí me resarcí! Las olas geniales, poca gente, y encima Ryan aue sabe un montón me estuvo enseñando. Hubo un momento en el que me dijo: tienes que ponerte aquí. Y la clavó, porque era el sitio desde donde empezaba la ola. Así que cogí bastantes, y nos volvimos al hostel super contentos (sobretodo yo, porque para él esas olas eran como un chikipark xD). Al día siguiente, decidí irme a otra de las islas del archipiélago a ver si la distancia me devolvía las buenas vibraciones y el buen rollo de siempre…
No sin antes pasar por Black Rock a por unas olitas claroo!!

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